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Contrario a lo que pudiera pensarse, Florencio Rosas no fue fundador de nuestra Cooperativa, que en su honor lleva su nombre. De hecho, cuando la Caja se constituye formalmente, ya hacía varios años que Florencio Rosas había fallecido. Sin embargo, su espíritu solidario, su incansable trabajo a favor de los más necesitados y su integridad moral, lo hacen digno de honrarlo nombrando así a nuestra Cooperativa.
   
       
Florencio Rosas nació en Querétaro, en el Barrio de San Isidro el 23 de febrero de 1843. Habiendo quedado huérfano de padre a los 10 años de edad, tuvo que hacerse cargo de las labores del cultivo de la tierra de su familia. Posteriormente, asistió al Colegio Nacional de San Ignacio y Colegio Nacional de San Javier, donde vivió las vicisitudes religiosas y políticas de la Reforma.

El análisis concienzudo de la realidad de su tiempo sembró en él la firme determinación de consagrar su vida a la solución de los más profundos problemas sociales, comenzando por la formación de la conciencia ciudadana. Con este objetivo en mente, y como un medio para lograr el cambio de las conciencias, se ordenó sacerdote.

Aprovechó el periodo histórico del porfiriato para poder realizar su obra. Tal importancia tuvo en su época y tan convincente fue su ejemplo de vida, que al llegar los revolucionarios carrancistas a tomar la ciudad, lo eximieron de la contribución a la guerra, pues consideraron que ya había entregado su patrimonio en bien de la patria.

Murió el 27 de marzo de 1917, víctima de la violencia de la época. Sus restos descansan en la Casa Hogar de Santa María del Mexicano.

Impulsó innumerables obras para el bien de los queretanos más necesitados. Su talento y espíritu visionario y emprendedor lo hacen un queretano notable, que trascendió su época al tener la capacidad de dar respuestas prácticas para los problemas económico sociales. En la Caja Popular Florencio Rosas de Querétaro, S.C.L. perpetuamos su memoria por decisión del grupo de 26 fundadores de esta cooperativa, que en 1961 lo escogieron como símbolo del sentido y conciencia sociales que animaba a la Pía Unión de Peregrinos a Pie al Tepeyac, cuna de esta Caja y única obra que persiste hasta nuestros días de entre las innumerables más promovidas por este incansable trabajador en contra del egoísmo y la usura.

 

Entre sus obras más destacadas se cuentan:

  • Fue cofundador, vicerrector y rector del Seminario Diocesano

  • Participó en la creación de la Escuela de Música Sacra, al lado del Mtro. J. Guadalupe Velázquez, de quien fue maestro

  • A los 34 años de edad, fue canónigo magistral de la catedral de Querétaro, su elocuencia y convicción cristiana en contra de la usura, lo llevaron a ser el predicador oficial

  • Fundó el Liceo Católico en 1883, al año siguiente fundó la Escuela de Artes y Oficios del Señor San José y el Colegio de Niñas de Nuestra Señora de Guadalupe. Las aulas de estos tres colegios albergaron a muchos destacados queretanos y a niños pobres, huérfanos y desamparados. Era tal el reconocimiento que tenían, que venían alumnos de distintos puntos de la república para ser inscritos

  • Construyó en el poblado que hoy se conoce como Santa María del Mexicano, una finca vacacional para sus alumnos, aprovechando la construcción para convertirla en un centro educativo de los campesinos del lugar y sus alrededores
 
  • Construyó otro centro educativo para los campesinos, el Centro Agrícola de la Hacienda de San Juanico, donde además de la enseñanza sobre cuestiones del cultivo de la tierra y los animales, Florencio Rosas procuró dotarlos de una visión administrativa y solidaria y mejorar sus condiciones de vida con respecto a las condiciones de higiene en que vivían y la administración de los pocos bienes que tenían
  • Pudo identificar a las mujeres y niñas como grupo vulnerable y necesitado, fundando, además del mencionado Colegio, el Taller de Niñas del Sagrado Corazón de Jesús, en 1890 y el Asilo del Espíritu Santo en 1911, para las niñas más pequeñas, pobres, huérfanas o abandonadas

  • En 1892 ante la pérdida total de cosechas, creó la Junta de Caballeros de Buena Voluntad, con el objeto de reunir fondos para importar maíz y venderlo al costo, solventando el hambre de muchos queretanos que habían caído en la miseria

  • En 1890 funda la Unión Cristiana, grupo católico de oración, caridad y cuyos miembros buscaban ser ejemplos de vida. Entre sus compromisos fundamentales que asumieron estaba el no celebrar contratos usurarios

  • En 1894 comenzó a presidir la peregrinación a pie al Tepeyac.
   
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